Bajo el resguardo de la peña Itero encontramos Terradillos de Sedano, alejado del mundanal ruido, dando comienzo a un profundo y sinuoso valle excavado por el río San Antón, el cual da nombre a dicho valle.
Hay lugares que no solo se habitan, sino que se sienten. Para mí, Alicia, Terradillos de Sedano nunca fue únicamente un destino en el mapa, sino un refugio emocional, un aula sin paredes y un vínculo profundo con mis raíces. Desde niña, mis veranos y escapadas estaban marcados por este rincón donde había nacido su padre, un lugar que me fue moldeando poco a poco, enseñándome a observar, a respetar y a maravillarme con cada detalle de la naturaleza.

Entre senderos, aromas de campo, el sonido constante del río, y los cantos de los pájaros, aprendí a reconocer plantas, a seguir rastros de animales y a escuchar las historias que guardaban las personas mayores del pueblo y las tradiciones que pasaban de generación e generación. Aquella curiosidad infantil fue creciendo en mí, transformándose en una vocación clara: entender la vida en todas sus formas. Así fue como decidí estudiar Biología, con la intuición de que ese conocimiento algún día regresaría a su origen.
Y así ocurrió. En 2012, decidí volver a Terradillos de Sedano con una idea firme: reconectar su formación con el territorio que la vio crecer. Durante años, fui dando forma a un sueño que no solo hablaba de naturaleza, sino también de compartirla, de enseñarla y de protegerla. Finalmente, en 2019, ese sueño tomó vida en forma de una empresa de ecoturismo llamada Loras y Cañones.
No fue solo un proyecto empresarial, sino una declaración de amor. Amor por un paisaje que me había educado, por una biodiversidad que merecía ser cuidada y por unas tradiciones que no debían perderse en el tiempo. Mi iniciativa nació con el propósito de acercar a otros a esa misma emoción que yo he sentido desde niña: descubrir la naturaleza con asombro y respeto.

Hoy, este proyecto invita a caminar despacio, a mirar con atención y a comprender que lugares como Terradillos de Sedano son mucho más que un destino rural: son espacios donde reconectar con lo esencial. Porque si algo tengo claro es que este rincón del mundo es el lugar perfecto para enseñar a amar la naturaleza, tal y como un día me enseñaron a mí.
